La tasa de conversión es el porcentaje de personas que hacen lo que querías que hicieran. Si mil visitan tu sitio y treinta te escriben, tu tasa es del tres por ciento. Es una división simple, y aun así es el número que más se calcula mal.

El error más común al calcularla

Medir contra la métrica equivocada. Si divides las ventas entre todas las visitas del sitio —incluyendo a quien entró al blog a leer un artículo— vas a obtener un número deprimente y sin utilidad.

Cada página tiene su propia conversión y su propio objetivo. El blog convierte a lector, la página de servicio convierte a contacto, y la de contacto convierte a cliente. Mezclarlas no dice nada.

Cuál es una tasa buena

Depende tanto del giro que cualquier promedio global es inútil. Lo que sí sirve es compararte contra ti mismo el mes pasado.

Dicho eso, hay patrones que sí se sostienen. El tráfico de búsqueda convierte mejor que el de redes, porque la persona ya estaba buscando. El tráfico de marca —quien escribió tu nombre— convierte mejor que todo lo demás. Y el tráfico de una campaña mal segmentada puede tener una tasa cercana a cero por más bonita que sea la página.

Antes de perseguir un porcentaje, revisa de dónde viene tu gente.

Lo que más la mueve, en orden

Que la página responda lo que el anuncio prometió. Si anunciaste diseño de páginas web y la persona aterriza en tu inicio genérico, la hiciste buscar. Cada segundo de confusión cuesta gente.

Que abra rápido en celular. No en tu wifi de oficina: en datos móviles, que es donde está la mayoría. Aquí se pierde más gente que en cualquier otro punto y casi nadie lo mide.

Que la acción sea obvia y de un solo paso. Un botón de WhatsApp que abre el chat con el mensaje ya escrito convierte mucho mejor que un formulario de ocho campos. No porque el formulario sea malo, sino porque pide más esfuerzo del que la persona quería hacer en ese momento.

Que el teléfono sea clicable. Suena trivial. En celular, un número que no se puede tocar para llamar es un contacto perdido.

Lo que casi no la mueve

Cambiar el color del botón. Poner más testimonios. Agregar animaciones. Son cosas que se recomiendan mucho y que rara vez explican una diferencia real cuando el problema de fondo es que la página tarda o que el tráfico venía mal segmentado.

Cómo saber si tu problema es de conversión o de tráfico

Hazte una pregunta: de la gente que te contacta, ¿cuántos son clientes posibles?

Si la mayoría son gente que nunca iba a comprar, tu problema no es la página: es a quién le estás hablando. Ahí se arregla con segmentación y palabras negativas, no con rediseño.

Si los que te contactan sí califican pero son poquísimos frente a las visitas, entonces sí es conversión, y ahí sí conviene trabajar la página.

Por dónde empezaríamos nosotros

Antes de tocar nada revisamos que la medición esté bien puesta: que lo que cuentas como conversión sea una venta o una cita, no un clic. Sin eso, cualquier optimización es a ciegas.

Si quieres que lo revisemos con tus números, escríbenos y te decimos qué haríamos y cuánto cuesta.